Una Peregrinación a Urda (le puede pasar a cualquiera).

Por J. F. Santos


30 de septiembre de 2002

    El siguiente relato no está basado en hechos reales. Es pura ficción. Toda coincidencia con la realidad tanto en hechos, personajes y situaciones es fruto de la pura casualidad (¿o no?)

Instrucciones de lectura: se puede omitir la lectura de los textos entre paréntesis y/o en rojo, aunque el texto perderá una pequeña parte de su sentido

Una vez más llega el 29 de septiembre, el día del Cristo de Urda y unos cuantos fuenteros se pertrechan de linternas y calzado cómodo para dar comienzo a la peregrinación anual. La distancia, 22 kilómetros del sistema métrico decimal, ni más, ni menos (bueno, quizá algo más). El destino, la iglesia de San Juan Bautista, desde donde desplazan al Cristo de la Veracruz (alias "el Cristo" para fuenteros y urdeños) en procesión hasta su ermita en donde se halla habitualmente.

La devoción entre los fuenteros por el Cristo de Urda, al igual que pasa con la virgen de Guadalupe ( de la que nos ocuparemos próximamente) no tiene unos orígenes claros. Es una cosa de esas de "toa la vida".

El caso es que en la madrugada del día 29, que este año (2002) ha caído en domingo, los fuenteros salen "cordel arriba" formando grupos de amigos, vecinos... Hasta el límite con la provincia de Toledo se circula por la Cañada Real Soriana, la vía pecuaria de mayor longitud (unos 800 kilómetros, también según el sistema métrico decimal) de toda la península Ibérica. En sus mejores tiempos poseía 90 varas de ancho, que hoy se corresponderían con 75 metros. A pesar de que esa anchura se ha perdido en la mayoría de los tramos, Fuente el Fresno es uno de los pueblos que mejor conserva este patrimonio viario a pesar de que también existen invasiones de este patrimonio público que todos conocemos y que no es preciso poner aquí de manifiesto.

Pues bien, una vez llegados al límite con la provincia de Toledo, debemos subirnos a la plataforma de asfalto de la carretera nacional 401, que seguiremos algunos kilómetros por el arcén izquierdo, haciéndonos ver a los coches que circulan, en ocasiones muy despistados (ojo con este tramo porque es de esos en los que "te juegas la vida" literalmente). Dejaremos a mano izquierda la finca de "El Cortijillo" y a la izquierda la de "La Monta" en donde quizá oigamos o incluso veamos (recordemos que es de noche) algún ganado bravo (Toros vaya, que de todas formas, y por múltiples razones obvias, conviene no molestar a éstos animales). En este tramo, además del asfalto que nos calentará la planta de los pies "disfrutaremos" de una pendiente suave y continua que obligará a bajar el ritmo a los que no estén acostumbrados a hacer algo de deporte.

Cuando pasemos La Serrana (los balidos de un nutrido rebaño de ovejas nos indicarán que estamos allí; para los "no rurales" fijarse en el restaurante que hay a mano izquierda y que tiene unos focos y muchas luces horteras que nos cegarán hasta que crucemos su aparcamiento) y estemos a unos cien metros del cruce de la N - 401 con la estrecha y bacheada carretera que va a Urda, cogeremos un estrecho caminito que sale a nuestra mano derecha. Éste se señalizó aprovechando el Año Jubilar (y todo aquel jaleo que se montó en Urda hace unos años) , por lo que encontraremos una señal vertical con una placa que nos indica que vamos a circular por un Camino Jubilar (que no de jubilados) con un "logo" en el que aparece "el Cristo" (hoy la iglesia ya no es lo que era). Ésta señal nos será bastante útil de aquí en adelante indicándonos la dirección a seguir.

Cuando hayamos recorrido nuestros primeros metros por el camino jubilar nos encontraremos con la carretera que va a Urda. La cruzaremos y seguiremos rectos por el camino que sigue de frente al que traemos. Éste nos llevará hasta un curioso pozo con abrevadero. El brocal, de arriba abajo, es de ladrillo, adobe y mampostería de piedra de la zona. Merece la pena asomarse a verlo (aunque cuidando de que el simpático de turno del grupo nos empuje simulando una broma; el pozo no es muy profundo pero una "escalabraura" podría ser fatal). Éste punto, en la mitad más o menos de la ruta es el ideal para tomar un bocado y echar un trago que nos repondrá del esfuerzo de la dichosa "cuestecilla" que ya hemos superado.

Tras una parada no demasiado larga (no conviene enfriarse ni descalzarse, seguramente hay gente comiendo...) el camino se estrecha progresivamente hasta casi desaparecer bajo el arado de algún agricultor (aunque durante este tramo este personaje recibe varios apelativos no muy cariñosos) que o bien no suele hacer peregrinaciones o bien le importan un ................ el Cristo y los peregrinos que transitan por allí. Afortunadamente será un tramo muy corto, y esperamos que las autoridades competentes metan a ese individuo en cintura (aunque, conociendo el percal, lo mismo se queda como está).

Así, seguiremos con nuestro andar, que puede ser más o menos cansino según nuestra costumbre y nivel de cansancio para, tras cruzar otras dos veces el carreterín de Urda nos llevará hasta las primeras casas de éste pueblo que tiene, según el censo de 2001 tiene 3022 habitantes (nuestro pueblo tiene 3476 según la misma fuente). Una vez allí, las señales desaparecen (como todo, cuando más falta hace). Afortunadamente, cualquier persona que ande por allí (si no está también perdido, claro) – nos podrá indicar por dónde está la iglesia dichosa que venimos buscando (nos digan lo que nos digan, nos parecerá muy lejos). Tras dar algunos paseos (en balde la mayoría) y consultar con diferentes paisanos made in Urda (el plano de éste pueblo es poco menos que laberíntico) podremos encontrar la dichosa iglesia y el Cristo dentro. Advertencia, si no hemos madrugado lo suficiente como para llegar antes de las 9:00 horas, encontraremos que el Cristo ya está muy acompañado (por una cantidad de fieles tal que abarrotará el templo sin dejar apenas espacio para nosotros y nuestra mochila a pesar de nuestro olor). El asunto quizá nos ponga de mala leche si pensamos que toda esa gente es la que nos ha adelantado en la carretera (algunos incluso son esos que hemos visto en autobús o nos han pitado desde su coche mientras veníamos por el camino) y que el clero de Urda los clasifica, para horror nuestro, como ¡PEREGRINOS!. (sí, exactamente igual que a nosotros, con la pequeña diferencia de los veintidós o más kilómetros que nuestro cuerpo lleva encima, dependiendo del éxito de nuestro recorrido urbano en busca de la iglesia).

 

En este estado de cosas, si nuestra fe sigue en buen estado (y nuestro cuerpo obedece nuestras órdenes) decidiremos ponernos a la ( tremenda) fila que nos precede para hacer algo que llaman el besapiés del Cristo (consideraciones higiénicas aparte). En la cantidad de minutos (muchos) que estaremos en la fila podremos observar con mucho (mucho, mucho, mucho) detenimiento al arquitectura y decoración interna del templo (tendremos tiempo hasta de debatir y emitir juicios de valor sobre el mismo aún sin tener ni idea de Arte) así como los comportamientos y actitudes de nuestros compañeros (mayores de 50 o 60 años en su mayoría, con el debido respeto a las canas pero no a la actitud de sus portadores, para estos casos) a lo largo de  las múltiples y cambiantes filas en las que nos veremos inmersos (todo ello a elevadas temperaturas y en un ambiente un "pelín" cargado de humanidad).

Tras el rito oscular, (lo del beso al santo en el pie) podremos salir de nuevo al exterior para encontrarnos con que la gente ya abarrota totalmente la plaza, dificultando el hallazgo del padre – amigo – compañero con el que hemos quedado para que nos recoja ( y traslade nuestro exhausto cuerpo, sino hasta nuestra camita,) hasta algún lugar en el que dar reposo a nuestros ( maltratados) huesos y músculos (algunos de los cuales jamás sospechamos de su existencia) tipo asiento de coche, banco o escalón, entre cualquier otro.

A la semana siguiente, tras habernos repuesto del sueño, ampollas, dolores, agujetas y otros males diversos, (aunque leves a pesar de todo,) los que se quedaron en Fuente el Fresno (la fuente, el pueblo, la discoteca si es fin de semana, o la cama si es laborable) nos preguntarán, ¿qué tal el Cristo?¿volverás el año que viene?. Nosotros, en un ejercicio de reflexión y autoconocimiento responderemos: - bien, un poco cansados pero bien - obedeciendo a un gusanillo que sale de nadie sabe donde y que nos dice que el esfuerzo, en el fondo, aunque no sepamos por qué, ha merecido la pena (¿o no?).

 

Fin